| Vigo
estuvo habitada por castreños y romanos. Padeció
los ataques por mar de los piratas ingleses y también
tuvo que luchar en tierra contra los franceses. La llegada
de los catalanes impulsó el desarrollo industrial
de la ciudad, que desde su fundación no dejó
de crecer. A finales del siglo XVI, la villa contaba con
868 vecinos, que pasaron a ser 15.000 en los últimos
años del XIX.
En Vigo el proceso romanizador es muy temprano e intenso.
Evidencias arqueológicas indican una importante
actividad portuaria y comercial en el litoral vigués
desde el siglo II a.C., desarrollándose un progresivo
proceso de romanización, consolidado durante
el siglo I d.C., una vez establecida la pax romana.
Como otros muchos lugares del estado, Vigo fue ocupado
por el ejército francés en 1809. La resistencia
popular a esta invasión provoca un levantamiento
que termina con un asalto a las murallas y con la expulsión
de los militares galos. Este episodio motivó
la concesión a Vigo del título de ciudad
Fiel, Leal y Valerosa.
En 1833 se acondiciona el camino real que lleva a Madrid,
conocido como carretera de Castilla o de Villacastín.
Un año después se terminan las obras de
construcción de la Colegiata por Melchor de Prado,
puesto que el antiguo templo había sido destruido
en uno de los numerosos saqueos sufridos por la villa.
A mediados de siglo se crean la sucursal del Banco de
España y el nuevo muelle de piedra. La ciudad
crece y sus regidores acuerdan demoler las murallas
para facilitar su expansión.
La segunda mitad del siglo XIX fue un período
de continuo crecimiento de la ciudad, propiciado, entre
otras cosas, por el incremento de las relaciones con
América. Desde 1855 se establecen servicios de
comunicación marítimos periódicos
con La Habana, Buenos Aires y Puerto Rico.
Lo que no puedes dejar de visitar:
• Concatedral de Santa María
• Pazo de Pastora
• Iglesia de la Soledad
• Cristo de la Victoria
• Puerta del Atlántico
• La Ermita de A Guía
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